Cultura

Notable actuación de El Juli, pese a cortar una sola oreja

  • El diestro, en su improvisado gesto de matar seis toros en solitario en el coso bilbaíno, deja una tarde cuajada por actitud, responsabilidad y suficiencia

GANADERÍA: Toros de Jandilla, el sexto como sobrero, justos de presencia, bajitos de raza y de escasa condición. El cuarto, el mejor, con un buen pitón izquierdo. TOREROS: Julián López 'El Juli', actuó en solitario con el siguiente balance: pinchazo y estocada (ovación); estocada (silencio); pinchazo y estocada (ovación tras petición de oreja); estocada corta (ovación); estocada (oreja); y dos pinchazos y estocada (gran ovación). Incidencias: Plaza de toros de Bilbao. Lleno aparente en tarde nubosa. En cuadrillas, Javier Ambel se desmonteró en el sexto.

Sudó bien el torero su compromiso de matar seis toros en Bilbao. Gesto inesperado por cuanto estaba previsto un mano a mano con Miguel Ángel Perera, que al resultar lesionado en la víspera no pudo acudir.

Matar seis toros en plaza de primera suele tener unos prolegómenos donde se madura mucho la decisión. El Juli, sin tiempo esta vez para pensarlo, mostró una intención muy buena desde el principio. Mucha imaginación y vistosidad, y sobre todo un gran compromiso artístico para asumir la tarde en solitario.

Los toros de Jandilla -ninguno rompió en el sentido de ponerle las cosas fáciles al torero- no dieron el juego deseado. Ni fáciles ni vistosos. Pero no se quedó El Juli a la espera precisamente de ese toro que le diera alas al acontecimiento. Lo buscó él con ahínco, aunque no fue posible hasta el quinto.

El Juli quiso darle variedad a la tarde con los quites, por caleserinas en el primero, tafalleras en el tercero, faroles invertidos en el cuarto, gaoneras en el quinto y previamente en éste galleo por chicuelinas, por chicuelinas también en el toro sexto que finalmente iba a ser devuelto, y por la zapopinas en el sexto bis, a éste último después de un saludo de rodillas con dos largas cambiadas en el tercio.

Un solo brindis en la tarde, al público, en el quinto, quiere decir que fue el único toro en el que vislumbró posibilidades de faena. Aunque hay que insistir que en éste y en los otros cinco sin excepción, El Juli trató de que el gesto fuera también gesta. No se anduvo con rodeos. No se reservó nada en ninguno, quede claro.

El compromiso fue total en los seis a pesar de que en unos se mostró más cerebral que enjundioso, y a la inversa. Y esas dos mismas alternativas juntas en una misma faena. Por ejemplo, en el sexto.

Compendio de inspiración, gusto y valor, esto último con especial énfasis, fueron una constante en la tarde. Como el temple y la despaciosidad, los sabios y oportunos toques, la técnica para aprovechar más y mejor las condiciones de cada toro.

Rotundo El Juli en ese sexto, cuya faena provocó verdadera efervescencia en los tendidos. La pena fue que no puso buena rúbrica con la espada. De la misma manera que se había estropeado también en la suerte suprema otra actuación de mucho peso en el tercero.

La oreja llegó en el quinto, con un trasteo también de altura. Toreo por abajo, hilvanado y limpio, de gran estética en las formas y, todavía más, profundidad en el mensaje. La satisfacción del público, expectante, ansioso y agradecido, se resumen en el grito de un espectador, "¡Vamos, Juli!", en el inicio de faena.

Y es que las secuencias de la tarde habían sido impecables en todo a pesar de que los toros no ayudaban a calentar.

Deslucido por un molesto calamocheo el primero; mirón y a la defensiva el segundo; el tercero fue manejable sobre todo por el pitón derecho; el cuarto también de buena condición; y, aunque "dejándose", mansitos los dos últimos. Ganó El Juli por la mínima, pero convenciendo tanto o más que si hubiera sido por goleada de orejas.

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