Pilar Jurado | Presidenta de la SGAE "Podría hacer una serie sobre la SGAE que ríete tú de 'Juego de Tronos"

  • La soprano y compositora madrileña recorre estos días las delegaciones territoriales de la SGAE haciendo campaña por un cambio de estatutos del que, dice, depende la viabilidad de la entidad

Pilar Jurado (Madrid, 1968), este martes durante su visita a Sevilla. Pilar Jurado (Madrid, 1968), este martes durante su visita a Sevilla.

Pilar Jurado (Madrid, 1968), este martes durante su visita a Sevilla. / Víctor Rodríguez

Los tres meses y medio que han pasado desde que fue elegida presidenta de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) tras la moción de censura a su antecesor, José Ángel Hevia, le han parecido a Pilar Jurado "tres años". Necesitaríamos varias horas (pero ya sabemos que nos hemos vuelto todos muy impacientes con la lectura) para consignar aquí los escándalos, las crisis y convulsiones que desde hace años sacuden a la entidad, con especial virulencia desde la detención de Teddy Bautista en 2011 bajo la acusación de sendos delitos de administración desleal y apropiación indebida.

La soprano y compositora madrileña, primera mujer que estrenó una ópera en el Teatro Real (La página en blanco), llegó al cargo en el peor momento de la entidad, en riesgo de ser intervenida judicialmente como pedía, harto de tantos desmanes, el Ministerio de Cultura. Ese riesgo, de momento, se ha evitado: la Audiencia Nacional rechazó esa medida el martes, horas después de esta charla. Pero sigue pesando sobre la SGAE su expulsión durante un año de la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (Cisac) por malas prácticas.

–¿Ha encontrado muchas resistencias en estos meses?

–Uf, ¿cúantos días tenemos? Bueno, es igual, lo importante es que el balance es positivo. Yo quería hacer cosas diferentes y era muy fácil: sólo había que seguir las consignas del Ministerio y la Cisac. Bueno, fácil no ha sido, claro, ha sido muy complejo, ha habido que hacer mucha pedagogía, explicar muchas veces a muchas personas que uno no puede estar defendiendo sus intereses particulares sino algo que está por encima, que es la entidad. Estamos en una sitación límite, drástica, crucial, y esto lo tiene que entender todo el mundo. Tenemos que ser muy responsables. El problema es que, a veces, hacer las cosas bien no vale, porque hay tantos intereses alrededor que incluso molestas... En ese punto empieza la verdadera batalla, para la que nunca estás preparada.

–¿A quién le está molestando que se hagan las cosas "bien"?

–A mucha gente, por desgracia. Ya conoces el refrán: a río revuelto, ganancia de pescadores. Durante muchos años ha habido sectores muy cómodos en el río revuelto. Más que preguntarme a mí, tendrías que preguntarle a aquellos que no quieren que la SGAE salga adelante, ni que se aprueben los nuevos estatutos.

–Acaba de tener usted un disgusto grande con los colegios de Gran Derecho y Audiovisuales [que agrupan a los autores de teatro, cine y televisión]: el 31 de mayo pidieron su dimisión y amagaron con segregarse de la SGAE...

–A los tres días retiraron ese comunicado. Pregúntales a ellos...

"Hemos hecho todo lo que nos han pedido el Ministerio y la Cisac; si eso no se ratifica en la asamblea del día 24, sería una tragedia"

–Pero estoy con usted...

–Fue innecesario e irresponsable, esas cosas hacen mucho daño a la entidad. Algunos promovieron ese comunicado por intereses personales y afán de poder, justo cuando yo estaba regresando de Cisac [que celebró en Tokio su asamblea general anual, en la que se aprobó la expulsión temporal de la SGAE]. Aprovecharon esas 15 horas de vuelo hasta Madrid para prepararme esa bienvenida maravillosa... En unos días reconduje la situación, ya está, eso es lo único que importa ahora.

–¿Damos ese fuego por apagado?

–Absolutamente.

–¿Y qué les hizo cambiar de idea a los autores de teatro, cine y televisión?

–Nosotros planteamos implantar otro sistema de ponderación de los votos, pero cuando vi que generaba conflicto... Así que volvimos a la situación previa, dejamos ese sistema tal como estaba y ya está. Dicho esto, a quien más beneficiaba lo que nosotros planteábamos era precisamente a Gran Derecho y Audiovisuales, por eso me resultó incomprensible. Pero hay gente que tiene una hoja de ruta y va a dar batalla ya sea por la ponderación de los votos o porque te has cambiado el color del pelo. Pero bueno, es igual, lo importante es garantizar la viabilidad de la entidad y hacer que los nuevos estatutos nos permitan trabajar en la legalidad más absoluta.

–Ese nuevo sistema de la ponderación de los votos aparcado por ahora planteaba que los autores que generan más ingresos tuvieran más votos, y por tanto mucha más capacidad de decisión que la enorme mayoría de los socios. Democrático del todo no suena...

–¡Eso es lo que han dicho ellos, pero es al contrario! Dado que teníamos que dar el voto a todos, por el tema del voto estatutario, nos parecía coherente que la gente que aporta menos recaudación, pero que contribuye a la entidad, tuviese una diferencia con respecto a los que no contribuyen con nada. Ahora mismo, tienes que generar un mínimo de 1.600 euros para conseguir el primer voto. Y nosotros proponíamos dar votos en la franja de 900 a 1.600 para ayudar a que los coreógrafos, los músicos sinfónicos o los cortometrajistas, que tiene unas recaudaciones más pequeñas, pudiesen diferenciarse de quienes no contribuyen.

Pilar Jurado, momentos antes de la entrevista. Pilar Jurado, momentos antes de la entrevista.

Pilar Jurado, momentos antes de la entrevista. / Víctor Rodríguez

–Era falso entonces, según usted...

–¡Pues claro! Pero si tú quieres dañar a alguien, ¿qué tienes que decir? Esto o lo otro. ¡La rueda no sé qué! En cualquier caso, por encima de todo está la paz de la entidad. Si esto era todo el conflicto, pues ya está, se desecha esa opción y al parecer se han quedado tranquilos. Pues fenomenal.

–Dijo usted hace unos días que la expulsión temporal de Cisac en el fondo ha sido buena. ¿Cómo es eso?

–No, no, no he dicho eso, una sanción nunca es buena. Lo que he dicho es que la sanción que tenemos ahora no es la que se temía que iba a ser cuando yo entré de presidenta. Se ha minimizado muchísimo el daño. Para empezar, se ha conseguido que la expulsión sea provisional, por un año, y no definitiva. Y para lograr eso la Cisac ha hecho con nosotros una excepción histórica en sus cien años de vida. Es más, si en estos meses la SGAE aprueba sus nuevos estatutos y todo empieza a estar controlado, la Cisac puede levantar la sanción antes de que pase un año.

–Anda usted ahora de delegación territorial en delegación territorial, casi de campaña electoral. ¿Por qué es tan importante que en la asamblea general del día 24 se aprueben esos nuevos estatutos?

–Mi Junta Directiva ha hecho todas las reformas que nos pedían el Ministerio y la Cisac para cumplir con lo que dice la directiva europea sobre Propiedad Intelectual. Pero esos cambios tienen que ser ratificados por la asamblea general. ¿Cuál es el problema? Que si no se aprueban esas normas, seguiremos estando en una situación que no se ajusta a la ley y volverán las amenazas de intervención judicial y de expulsión permanente de la Cisac. Sería una tragedia.

"Siempre hay alguien que saca eso de que vamos entrando en las bodas. Pero en las bodas se paga la luz, la comida, las flores, el vestido de la novia... Se paga todo, ¿no?"

–Pongamos que se aprueban los estatutos. ¿Y luego qué?

–Habría que empezar a hacer algo muy importante que durante estos años no se ha hecho: volver a recuperar todos los espacios donde podamos difundir nuestro repertorio y hacer que se escuche en muchísimos más escenarios, festivales, encuentros internacionales; que nuestro repertorio esté muchísimo más presente en el mundo. Esto sería importante porque también permitiría que nuestra recaudación subiese. Durante toda la crisis de la entidad nuestros trabajadores lo han hecho muy bien, hasta ha aumentado la recaudación en el último año, pero tenemos una red impresionante al servicio de nuestro sistema de recaudación y eso hay que engrasarlo para que funcione todavía mejor y conseguir muchísimo más.

–¿Entonces se recauda poco? Mire que ya es un género en sí mismo el chiste o la noticia sobre la voracidad de la SGAE...

–Pero no es cierto. Siempre sale alguien con eso de ¡es que entran en las bodas! A ver, ¿el sitio éste de la boda paga la luz, paga el cocinero que hace la comida que luego se come la gente, paga por las sillas y las mesas, paga por los bafles fantásticos en los que suena la música... por la que no quiere pagar? Es que es una incongruencia. Pero es más fácil decir pobrecitos, que les han entrado en la boda a los novios. Pero es que no han entrado a pedirle al que se estaba casando, han entrado a pedirle a la persona que está haciendo negocio con eso, que tiene la obligación de contribuir... Pero claro, poner por delante a la novia con su velo y todo es muy fácil. ¡Como si estuvieran agrediendo a la novia! Pero por otro lado la novia está pagando todo lo que hay en su celebración, las flores, su vestido, todo, ¿no? Esto hay que contarlo y la gente tiene que entender que la música no es una cosa gratuita que existe sin más. Hay gente que trabaja para que exista y para que la gente la baile en sus fiestas y esa gente, por supuesto, merece su remuneración.

"Los buenos negocios tienen que ser 'win-win', y en el mundo digital las plataformas digitales y las multinacionales se siguen quedando con el pastel"

–La mentalidad ha cambiado, no estamos ya en los tiempos de las descargas a granel. Gran parte de los españoles, a los datos me remito, pagan por tener acceso a Netflix, Filmin o HBO, en el caso audiovisual, o a Spotify, en el de la música. Así que el hábito de pagar por consumir cultura está más que asumido socialmente. Siendo esto así, ¿por qué la gente sigue teniendo una opinión tan mala de la SGAE?

–Obviamente tenemos que reconstruir el enlace con la ciudadanía, que se ha destruido en estos años. Pero, seamos claros, también se ha jugado mucho a dañar nuestra imagen. La SGAE es un bien muy importante para este país, a todos los niveles, también económico y fiscal, y nuestro caballo de batalla es conseguir que la gente se sienta orgullosa de colaborar con la existencia de la cultura, porque contrariamente a lo que se dice nadie está robándole nada, en todo caso durante muchos años fue al contrario, se les quitó a los autores lo que les correspondía. Respecto a lo que me dices de las plataformas, sí, es cierto, pero nosotros tenemos que evitar que los autores sean arrollados por ese nuevo mundo digital, en el que las plataformas y las editoriales multinacionales se siguen quedando con el pastel. Y está bien, los buenos negocios tienen que ser win-win, pero en Europa la industria cultural es cinco veces superior a la automovilística y los creadores no pueden ser los peor parados. Tenemos que pelear. Y no pasa nada, eh. Una entidad de gestión como es la SGAE, al final, tiene que estar siempre peleando. Una entidad de gestión siempre va a tener que estar en los tribunales, o defendiendo los derechos de alguien o defendiéndonos de otros que quieren sacar tajada de lo que nos corresponde. Y esto no se tiene que ver como una agresión o como algo raro: es que nos dedicamos a esto, es como si un bufete de abogados fuera sospechoso porque continuamente está en los tribunales defendiendo algo. Y se ha jugado mucho a que esto se convierta en mala imagen.

–Ha dicho recientemente que existe una "maniobra de acoso y derribo" contra la SGAE. ¿A qué se refiere exactamente?

–¿Cuántos días tenemos? Mira, en el fondo es muy fácil. ¿Quiénes son los que a lo largo de la historia se han quedado con el dinero de los autores? Pues esa misma gente sigue queriendo quedarse con el dinero y sigue queriendo que dentro de ese reparto los autores salgan peor parados.

–¿Y esa gente quién es?

–Son los mismos que siempre han sido, entonces no me lo preguntes, pregúntatelo tú.

–Es que yo no soy presidente de la SGAE, asumo que está usted más al tanto de estas cosas...

–¡Pues los mismos que siempre han sido! Si es que no hay variaciones. La única diferencia es que ahora se pueden camuflar como editoriales independientes y esas cosas. Pero al final son los mismos. Tú ya sabes.

La presidenta de la SGAE, en el hotel donde tuvo lugar esta entrevista. La presidenta de la SGAE, en el hotel donde tuvo lugar esta entrevista.

La presidenta de la SGAE, en el hotel donde tuvo lugar esta entrevista. / Víctor Rodríguez

–No lo sé, usted dirá...

–Qué te voy a contar. Bueno, el problema es cuando los negocios utilizan con voracidad al autor, dejémoslo ahí. La cuestión es que somos la sociedad de autores más grande de todo el mundo, donde resulta que la tendencia va por otro lado, porque en el negocio internacional la tarta se la comen los editores, ellos tienen el control, y se quiere que en España eso empiece a ser también así.

–Le preguntaba eso porque desde fuera, y desde hace muchos años, la impresión es que ese "acoso y derribo" lo ha provocado desde dentro la propia SGAE. Que ha parecido más bien un caso de autodestrucción, vaya...

–Sí, claro, pero porque a veces se ha querido gobernar desde fuera lo que no se podía gobernar desde dentro. Ahora estamos intentando que todo esté dentro de la legalidad, que todo funcione bien y esté controlado... Ahora, que también te digo que aquel salto de la verja, que parecía aquello el Rocío [se refiere a la detención de Teddy Bautista y otros ochos miembros de la dirección de la entidad en 2011], fue algo buscado, las puertas estaban abiertas, hombre, no hacía falta saltar esa verja, pero querían esa foto impactante. La cuestión es que desde aquel momento ha sido muy fácil para muchos aprovecharse de ese problema reputacional para conseguir ciertas cosas. Algún día, algún día escribiré sobre todo lo que se ha vivido ahí...

–También me lo puede contar ahora...

–No, no, ya si acaso haré yo una serie. Estoy convencida de que tendría más audiencia que todas estas series, vamos, ríete tú de Juego de Tronos al lado de la serie que podría yo hacer. En el caos, muchas veces, cada uno empieza a remar en la dirección que cree más conveniente, y durante estos años cada uno remaba hacia su lado y no llegábamos a ningún sitio, porque estábamos parados en el centro.

"Estoy harta del término 'rueda', aquella ilegalidad, que ya es cosa del pasado, se ha querido agrandar para hacer daño a la SGAE"

–¿Cómo es en este momento la relación con el Ministerio de Cultura?

–El Ministerio tiene que ser consciente de todos los avances que ha habido, estamos en comunicación estrecha y directa con ellos y lo que esperan es que se aprueben estos estatutos que recogen las nuevas directivas. La pena es que haya gente que niega lo evidente y se dedica a malmeter diciendo que no estamos cumpliendo. Yo digo siempre una frase, con la que me encantaría concluir esta entrevista: la verdad es sólo una y la mía está documentada.

–La frase es muy buena, pero queda algo más: la tristemente célebre rueda de las televisiones...

–¡Hombre! ¡Qué raro que me lo preguntes, por Dios!

–Más raro aún es que no se le haya preguntado antes...

–Mira, estoy bastante harta de ese término. La rueda es un proceso que está en los tribunales y ya se verá la decisión del juez. Es un caso que afecta solamente a 11 personas, pero se lanza continuamente contra la entidad, y a día de hoy se emplea ese término punitivo y terrible para denominar a la gente que está trabajando en la franja nocturna de las televisiones con un contrato legal y dentro de un modelo de negocio que funciona. El problema es que la rueda, es decir, lo que podía ser un fraude o algo así, que también hay que verlo porque recuerdo que no hay condena aún, eso ya no existe. Nadie de los que ahora mismo tienen contratos con las televisiones tiene nada que ver con aquella ilegalidad. Que se siga utilizando esto para dañar nuestra imagen es tremendo. Ese asunto se ha agrandado para hacer daño a la SGAE, punto. Y en todo caso, insisto, forma parte del pasado. Esos contratos son absolutamente legales y así lo ha reconocido el Gobierno al pedirnos que se reduzca al 20% el reparto por derechos de repertorio que se emite en la franja nocturna de las televisiones; es decir, que si el propio Gobierno establece que debe reducirse y no prohibirse, entonces eso significa que la práctica es legal. Esas connotaciones oscuras no tienen sentido ya.

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