Conciertos en Málaga | Terral

Kroke o una celebración de la música

  • El trío polaco firma otra actuación memorable este miércoles en el Teatro Cervantes

El trío polaco Kroke, durante su concierto en el Teatro Cervantes. El trío polaco Kroke, durante su concierto en el Teatro Cervantes.

El trío polaco Kroke, durante su concierto en el Teatro Cervantes. / Javier Albiñana (Málaga)

En una entrevista concedida recientemente a este cronista, Jerzy Bawol, el acordeonista de Kroke, afirmaba: “Lo que más nos gusta es construir las formas, destruirlas y volver a rehacerlas”. El concierto ofrecido este miércoles por el trío polaco en el Teatro Cervantes, dentro del Terral, confirma hasta qué punto esta intuición no sólo se mantiene firme, sino que ya define por derecho al grupo más incluso que la identidad klezmer. Si el aprovechamiento extremo de los recursos ha sido una constante en su obra, las poco más de trescientas personas que acudieron a la cita (en la que Kroke se entregó como si se hubiesen congregado diez mil espectadores, y a veces la impresión era justamente esta) tuvieron la oportunidad de comprobar que la investigación sonora de este proyecto continúa en marcha, dando nuevos e inesperados frutos, en una actitud ya pegada sin fisuras a la vanguardia y la experimentación en la que lo más interesante sucede al filo del cuchillo, cuando la (aparente) pérdida del control está a la vuelta de la esquina. Fue, de nuevo, un concierto memorable de Kroke en Málaga, que volvió a dar cuenta del talento de uno de los grupos más interesantes, fértiles y capaces del panorama música europeo.

Pudo más la alucinación que la concreción, la abstracción que la figura, el riesgo que la certeza

Aunque para algunos de sus últimos trabajos ha adornado Kroke sus composiciones con percusionistas, orquestas y otros aliados como Nigel Kennedy, el trío se presentó, como suele, en su formación esencial, con Tomasz Kukurba (viola, voz y flauta) y Tomasz Lato (contrabajo) además del citado Jerzy Bawol al acordeón. Pero la tesis del aprovechamiento extremo quedó de nuevo refrendada con una disposición técnica ampliada respecto a anteriores conciertos, con los loops de voz y compás grabados en directo y un despliegue rítmico más consciente, así como por la querencia de Kukurba a pulsar las cuerdas de su viola como si de un laúd se tratase. El repertorio comenzó bien arriba, con Light in the darkness y la maravillosa Usual happiness, dos piezas referenciales de Kroke, y transitó luego en gran medida por el último disco del grupo, Traveller, si bien cundieron otros temas ya clásicos del trío como Eddie, Time (inevitablemente, la pieza más aplaudida) y el espléndido bis consagrado a Ajde Jano. En todos ellos pudo más la alucinación que la concreción, la abstracción que la figura, el riesgo que la certeza, el billete de ida por encima de la posibilidad del regreso, sin ser jazz, ni klezmer, ni rock progresivo, y siéndolo todo a la vez. El resultado fue una verdadera celebración de la música por la música, de una libertad a prueba de etiquetas. No fue un plato fácil. Pero qué gusto.

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