Cultura

Más allá de Picasso, más allá del cuadro

  • El bailarín David Martín presenta el 26 de octubre en el Cervantes un montaje donde se representa la obra del pintor a través del baile, el teatro, la música y el cante

Al coreógrafo David Martín le cambió la vida el día que escuchó la voz jonda y quebrada de Enrique Morente. Más aún cuando cayó en sus manos Omega y Pablo de Málaga, un disco homenaje al vanguardista pintor donde el cantaor granadino interpreta textos suyos inéditos facilitados por el poeta Rafael Inglada, amante confeso de Picasso. En aquellas líneas se observa a un artista desatado, original, explorador, surrealista, pero sobre todo libre. Libre de corsés academicistas, libre de corsés estéticos. Algo así ocurre -perdonen la osadía- en Mi sentir en Pablo, el primer montaje del joven bailarín malagueño donde sonarán algunos temas de Pablo de Málaga. "La idea que tenía era representar la obra de Picasso en sus distintas etapas (azul, rosa, protocubista y cubista) a través de la danza, la música, el cante y el teatro", explica risueño Martín.

Para ello, el malagueño se ha rodeado de una equipo de galácticos: Juan de Loxa, poeta granadino de gran recorrido, para los textos que intepreta el actor Jorge Lucas, vestido de arlequín para la ocasión; tres bailarinas con experiencia como Charo Pedraja, Elena Rodero y María Jesús García; el gaditano Miguel Rosendo al cante; el pellizco flamenco a la guitarra Carlos Haro; y Juan Manuel Muñoz El Pájaro a la percursión. Juntos son capaces de evocar los cuadros del genio malagueño sin necesidad de pintar los cuadros en directo, ni de vestirse con camisetas de rayas. "Son cuadros escénicos donde el flamenco y la experimentación se funden, mirándose siempre en el espejo de Picasso", resume De Loxa.

Entre las piezas seleccionadas, Martín destaca La bebedora de absenta. "En cuanto vi la obra tuve claro cómo lo iba a trasladar a un escenario. Me imaginaba a una mujer tocando las castañuelas mientras su figura se iba multiplicando -es decir, aparecen las demás bailarinas-, evocando así la sensación de ver doble cuando vas ebrio", explica detalladamente el coreógrafo. Otros de sus cuadros favoritos es Las señoritas de Avignon, donde las bailarinas se visten con trajes de seda emulando la paleta de colores utilizada por el pintor mientras suenan de fondo los Tientos Griegos del Pablo de Málaga de Morente.

A la hora de hablar del maquillaje no se corta: "No es nada ostentoso porque Picasso pintaba a las personas muy limpias. Él buscaba la díficil sencillez, la naturalidad... Lo bonito de este espectáculo es que la belleza viene del arte. No es una belleza fácil buscada, no es un carmín de labios de un niña, no es Julio Romero de Torres pintando a una mujer morena con ondas al agua", explica mientras busca la mirada de aprobación del entrevistador.

Durante la la charla, donde no para de repetir "lo díficil" que ha sido llegar hasta aquí -la mayoría de dinero invertido ha salido de su cartera o del crédito que ha pedido hace poco-, comenta cómo ha sido "parir" su primer montaje: "Duro y díficil. He investigado y leído mucho. Rafael Inglada y Juan de Loxa me han ayudado mucho. Aún así, he disfrutado como un niño creando. Ha sido volver a la niñez".

"No es flamenco convencional -como tampoco lo fue Omega y Pablo de Málaga-. También hay un trabajo de interpretación y expresión corporal detrás. Nos hemos tirado a la piscina, hemos arriesgado. Esto es algo más contemporáneo", señala el artista al que "nada o poco" le gustan las etiquetas. "Claro que tenía miedo a perder esa esencia del flamenco. Mirando el vestuario -ideado por él mismo y confeccionado por Ángela Lozano- no había lunares, ni pendientes grandes, ni faralaes. Claro, es que no vienes a ver a Julio Romero de Torres, vienes a ver a Picasso", comenta con una sonrisa pícara el bailaor, que no es consciente aún de que con su montaje trasciende los límites de la danza y va más allá del cuadro.

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