Cultura

Su voz, un mandamiento de dos

Pasión Vega. Teatro Cervantes. Fecha: 15 de noviembre de 2011. Voz: Pasión Vega. Piano y dirección musical: Jacob Sureda. Bajo y contrabajo: José Vera. Violín y mandolina: Roberto Jabonero. Guitarras: Roberto Jabonero. Batería:Vicente Climent Aforo: Lleno (unas mil personas).

Cuando la voz es un privilegio más que un instrumento conviene sentarse a escuchar. Porque pase lo que pase sobre el escenario el oyente se irá a casa consciente de que la música le ha cambiado. Por unas horas ha dejado de ser una víctima de la rutina para convertirse en el único interlocutor de Pasión Vega. El millar de afortunados que pudieron comprobarlo el pasado martes en el Teatro Cervantes se tuvieron que rendir ante una mujer que canta por derecho y sin miedo a los géneros. Da igual que el toro se llame copla, fado, tango o bolero, ella asume el reto con la solvencia que le da ser dueña de una técnica impecable y una inteligencia escénica fuera de toda duda.

Después de cinco años sin probar nuevas canciones, Ana María Alias dejó su DNI para inaugurar la noche con El corazón al sur, el tango que Eladia Blázquez compusiera en el 76 y que en su voz multiplica los efectos. Esa añoranza del sur y la conciencia de sentirse en casa, hicieron de su protagonista por unos segundos la mejor embajadora del Mediterráneo. Con los colores de la tierra como vestuario, la artista se dedicó a recoger la ropa tendida -literalmente- como quien recoge dulces recuerdos de infancia.

Con la sempiterna sonrisa que acompaña cada una de sus movimientos, Pasión agradeció la bienvenida de sus paisanos para, a continuación, aparcar por unos minutos Sin compasión -su último disco de estudio- y retomar a esa María que se bebe las calles con el despecho y el desamor en la copa. Pensaba que el amor era un mandamiento de dos y se encontró -cantaba Pasión- con una penitencia: el precio a una entrega desmedida.

Pero, enseguida La Voz se repuso de su pena para mirar de frente a su público y seguir sonriendo. "Lo nuestro si que es un mandamiento de dos", confesó. Arropada por una talentosa banda -impresionantes las cuerdas y el virtuosismo de Jacob Sureda en los teclados- , la artista alzó ahora su copa para brindar por uno de los géneros que mejor saben en su boca. Le bastó con un camarero ponme otro bolero para meter en la garganta la mejor herencia latina. Y con una silla, una pamela y el mar observándola desde la retaguardia supo mecer una habanera que viajó sin apenas distancia de Cádiz a Cuba con billete de vuelta.

Llegó el momento de que Chabuka Granda la llamara a consulta, y Pasión acudió para hacer suya la Fina estampa y que por la veredita alegre con luz de luna o de sol la malagueña volviera a deslumbrar. Tan sólo una excesiva armonización de temas, que no piden más arropo que la garganta de la artista, pudo ensombrecer por momentos un concierto brillante. Afortunadamente, la dama se encargaría de borrar cualquier percepción similar con la estremecedora Y sin embargo te quiero. Y se paró el tiempo. Alquimista de su propio sonido, Pasión recuperó el aliento para atreverse ahora con los ecos africanos de Los últimos una letra maestra de Jesús Bienvenido acompasada por la percusión de un quinteto donde ella volvía a despuntar.

La dama no se olvidó de Lisboa y con un fado en portugués y español se arrimó a la frontera para volver alejarse con una de las sorpresas de la noche. "De chica soñaba con ser como Judy Garland", reconoció. A su Over the rainbow le volvió a sobrar instrumentación pero daba igual. A Pasión Vega se le perdona casi todo con tal de volver a recibir su mandamiento. Amén.

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