Málaga Hoy En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Hace unas décadas, a la eterna obsesión por prolongar la vida se sumó otra creciente: la de explorarla en otros planetas. Queríamos vivir más y mejor (o encontrar la manera de apaciguar el picor de conciencia por nuestras agresiones a la Tierra). Así surgieron los ciborgs, un intento de mejorar al ser humano a través de la tecnología; así empezaron a morir las personas. Ahora vivimos menos y peor. Somos menos humanos y más tecnológicos.

La destreza de los niños manejándose por una aplicación o navegando una tablet nos parecen una estampa entrañable. "Mírala, qué graciosa; la usa mejor que yo". Y se nos cae la baba. En realidad, se nos debería caer el alma. Ahí comienza el cíborg a deshumanizarse. Un buen cíborg, un humano realmente mejorado, sufriría dolor en esa escena. Tanto el niño como el padre. Pero ya se sabe qué pasa con los males: si duelen al instante, se hinchan o sangran, los reconocemos; si no dejan marca ni herida, se enquistan. Y piden ayuda cuando ya no la hay.

Puede ser que esos niños graciosos de la tablet sean luego los que presentan un tremendo currículo 2.0 y problemas básicos en el día a día, en la resolución de conflictos emocionales humanos. Saben manejar todos los nuevos programas, pero tienen el sentido común atrofiado. Están al día de las series de Netflix, pero a ver dónde guarda mamá la caja de las medicinas. Yo lo llamo el Maulismo Ilustrado, gente a la que los nuevos tiempos les ha robado su esencia, no les ha permitido desarrollarla.

Ahora se habla de millennials, generación Z o X. Hay muchas categorías para jóvenes, pero no muchos jóvenes con categoría. ¿Se acuerdan de los JASP, los jóvenes aunque sobradamente preparados? Aquella generación, a base de buenos estudios y hambre de reivindicación, pedía un sitio en un mundo que les ninguneaba. A mí ahora me dan miedo los PASJ, preparados aunque sobradamente jóvenes, que sacian su hambre pidiendo a domicilio en un mundo que les ofrece de todo.

Esta sociedad ha llegado a un momento en el que hace falta más gente que aprenda a hacer un puchero que a demostrar conocimientos. Necesitamos más humanos y menos ciborgs. Que nos recuerden que la vida es corta y que viajen a la luna a rescatar a todos aquellos muchachos que andan perdidos por allí.

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