Político en cien días

Metaverso

La diferencia entre las infografías y el edificio que se levanta no es un error ni una cuestión de matices

La posibilidad más fascinante, y a la vez terrorífica, que brindará la tecnología en los próximos años será la capacidad de crear representaciones de la realidad tan ficticias como incapaces de reconocer. Stalin ya tomo el camino sacando a sus compañeros de las fotografías a medida que los metía bajo tierra. Pero eran trabajos artesanales. Hoy, la producción digital apunta la posibilidad de crear metaversos en los que disfrutemos de experiencias inmersivas tan reales que solo seamos capaces de reconocerlas como ficticias si, antes, nos las presentan como tales. En arquitectura ya se están dando pasos en esta dirección, aunque desde hace tiempo no son escasas las infografías de los proyectos que son difíciles de distinguir de una buena foto.

Hago esta reflexión después de pasar por el Hoyo de Esparteros y ver cómo coge forma el hotel de Moneo después de tomar volumen. Junto a él, prudente y discreta, la estructura de la réplica de la Mundial. Las cartas están sobre la mesa sin que haya lugar a engaños. El hotel tiene diez plantas y la Mundial cuatro. A bote pronto, veinte metros que resuelven la controversia su condición de mamotreto. Polémica presente desde que se hicieron públicas las intenciones de demoler el edificio inicialmente protegido y superar la altura de referencia del PEPRI Centro. Si, normativamente, la discusión sobre esta se saldó con una modificación del planeamiento que legitimaba la construcción en esa esquina de una planta más de las del mamotreto de la de enfrente, la cuestión de fondo fue otra cosa. Aquí entraron en juego las recreaciones infográficas. Las mismas que hoy demuestran cómo se cambiaron en un determinado momento para presentar un hotel irreal de la misma altura que la Mundial.

La diferencia entre las infografías y el edificio que se levanta no es un error técnico ni una cuestión de matices. Es una decisión tan consciente como la de borrar a Trotsky de las fotografías de la revolución y que plantea algunos interrogantes. ¿Qué responsabilidad tiene el arquitecto cuando se representa su obra con una imagen tan distinta a la qué tendrá? ¿Cuál es la responsabilidad de la administración cuando el debate público se articula sobre imágenes que no responden a lo proyectado? ¿Dónde quedan los medios de comunicación cuando no informan del fraude del "metaverso"? Al final nos queda Serrat: nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.

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