Semana Santa

Un Vía Crucis por la salud en plena pandemia

  • La Catedral acoge el solemne acto que se realiza cada primer viernes de cuaresma, este año dedicado a los colectivos más afectados por el coronavirus

Un Vía Crucis por la salud en plena pandemia. Un Vía Crucis por la salud en plena pandemia.

Un Vía Crucis por la salud en plena pandemia. / Javier Albiñana

Silencio y expectación. El reloj de la torre de la Santa Iglesia Catedral marcaba este viernes las 19:11 cuando comenzó a sonar la pieza ‘Benigne fac, Domine del Miserere’ de Eduardo Ocón, tras el rezo de la primera estación. El Santo Cristo de la Salud marcó un nuevo hito en la historia de la Semana Santa de Málaga al recorrer las naves del primer templo malacitano, para presidir el solemne Vía Crucis de rogativas de la Agrupación de Cofradías, en el año de la pandemia del coronavirus.

La Catedral enmudeció. Pocas veces el silencio, interrumpido por los cánticos y las lecturas de las estaciones del Vía Crucis, expresó tantos sentimientos. Poco a poco el Señor de la Salud se mecía en unas andas pertenecientes a la cofradía de los Estudiantes y portadas por seis personas. En esta ocasión se tuvo una especial consideración con los sectores más afectados por la pandemia en el acto claustral, que suspendió sus respectivos traslados externos, desde la iglesia del Santo Cristo hasta la Catedral y su posterior regreso.

Vía Crucis de la Agrupación de Cofradías en la Catedral de Málaga. Vía Crucis de la Agrupación de Cofradías en la Catedral de Málaga.

Vía Crucis de la Agrupación de Cofradías en la Catedral de Málaga. / Javier Albiñana

Lectura de las meditaciones

Los encargados de recitar las lecturas, tras la palabra de cada estación por parte de Salvador de los Reyes, hermano mayor de la Mediadora, fueron malagueños que luchan desde primera hora contra el coronavirus o familiares de algunas víctimas. El alcalde Francisco de la Torre fue el que inauguró la primera estación del Vía Crucis.

Le siguieron la enfermera de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario Virgen de la Victoria, Blanca Sanz; el pregonero de la Semana Santa, Francisco Javier González de Lara; el policía nacional José María Moreno; una representante del grupo de devotos del Santo Cristo de la Salud, María del Carmen Hueso; el hermano mayor de Nueva Esperanza, David Vidal, y un estudiante afectado por el coronavirus, José Antonio Sánchez Guerra.

En la segunda parte de los rezos intervinieron el sacerdote Antonio Prieto; la profesora del colegio Puerto Sol Ana Belén Vázquez; el empresario propietario de los supermercados Maskom, Sergio Cuberos; el secretario de dirección, Alejandro Ruiz; la periodista Ana Pérez Bryan; José Carlos Garín, hermano mayor de la cofradía de la Salud, y Pablo Atencia, presidente de la Agrupación de Cofradías. Todas las reflexiones posteriores contaron con textos elaborados por el poeta Salvador Marín Hueso, y cada meditación consiguió unir los escritos evangélicos con la actual pandemia sanitaria y sus secuelas en la ciudad de Málaga. El rezo se hizo plegaria, y la plegaria se alivió con la música.

Protagonismo de la música

Una melodía suave acompasó el andar pausado del Santo Cristo de la Salud. La capilla musical ‘Maestro Iribarren’ deleitó con su armonía de violines, clarinetes, trompas, y demás instrumentos de viento a toda una ciudad que pudo seguir el acto en directo a través de las televisiones locales.

Un sexteto vocal junto a sopranos, tenor y barítono entonaban las letras de los cánticos religiosos. Todo ello dirigido por Antonio del Pino. Los presentes en el Vía Crucis pudieron deleitarse con composiciones musicales interpretadas en directo de Juan Cansino y Marco Frisina. La emocionante obra de Francisco Flores Matute, titulada ‘Himno al Santo Cristo de la Salud’ provocó que los sentimientos afloraran al finalizar el rezo de la última estación.

Particular estética del Cristo de la Salud

Para esta ocasión, el Santo Cristo de la Salud lució de forma especial portando un cíngulo dorado de cuello y manos, junto a una pureza de damasco morado del siglo XIX, con bordados en plata realizados por el malagueño Antonio Moreno, y un broche de orfebrería para el cíngulo. Unas pequeñas flores de talco decoraron el nudo de la pureza, del taller de Santa Conserva.

En las andas se colocaron una pareja de ángeles pasionarios del taller antequerano de Diego Márquez a los pies del Santo Cristo. Tras la imagen, se dispuso una calavera a sus pies. Las andas se completaron con dos ánforas del orfebre Miguel Ángel Martín pertenecientes al trono del Resucitado.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios