Resultado y crónica del Unicaja-Hereda San Pablo Burgos El Burgos también es de otra liga (93-101)

  • Bochornosa segunda mitad del Unicaja ante un rival que había tenido tres entrenamientos en tres semanas por el Covid-19

  • Un equipo demasiado blando, incapaz de competir

Guerrero y Alonso levantan a Alberto Díaz.

Guerrero y Alonso levantan a Alberto Díaz. / Alvaro Cabrera

Derrota muy dolorosa del Unicaja (93-101), que no dio la talla ante un San Pablo Burgos que se presentó en Málaga tras un confinamiento y con tres entrenamientos en las últimas tres semanas y le dio un baño en la segunda mitad al equipo malagueño. Rival directo en teoría, los castellanos están por encima, varios cuerpos a día de hoy, del Unicaja. Es la triste conclusión y la evidente fotografía de un partido desolador del equipo cajista, que recordó a la etapa de Casimiro. Comienzos buenos, notable en este caso, con acierto soberbio. Pero impotencia pura cuando el partido se pone serio de verdad, cuando los rivales elevan el nivel defensivo y ya no entran las canastas con cierta fluidez. No se compite, se conceden 100 puntos con facilidad. Se perdió por 20 puntos la segunda mitad. Es especialmente descorazonador esta vez, ante un rival que físicamente estaba muy exigido por la falta de entrenamiento y el Covid-19 y que se había cruzado Europa dos días antes. El destrozo que el Burgos hizo a la blanda, muy blanda, defensa cajista, fue indecente por momentos. Debe sonrojar a los jugadores, que ya han visto cómo con dos entrenadores distintos hacen actuaciones que les dejan en mal lugar. Y, claro, vuelve a retratar a quienes confeccionaron una plantilla con tantos desequilibrios y tantos boquetes. El señalamiento se apacigua cuando hay victorias ante rivales de zona media o baja, pero es hacerse trampas al solitario. Este baño también recuerda el pedazo de entrenador que es Joan Peñarroya, que vuelve a dejar su tarjeta de visita en el Carpena, lo mismo rompe un techo que le saca los colores al Unicaja.

Con frecuencia, el Unicaja se hace trampas al solitario. Mientras tuvo un acierto superlativo en el tiro, durante el primer tiempo, el equipo de Katsikaris dominó con cierta claridad, incluso se pudo pensar en conseguir el average (-12 de la ida, esa era la distancia al descanso a favor). Peñarroya plantó una zona 3-2 a la salida del segundo tiempo que cambió el ritmo del partido. El Unicaja no encontró respuestas. Si en el primer tiempo había metido nada menos que 57 puntos, apoyado en un brutal acierto en el triple (10/14 al descanso, 9/11 antes), entonces colapsó y lo que había sido antes una fiesta, ahora era impotencia pura y un calvario.

Es un problema difícilmente resoluble con esta plantilla. Faltan jugadores con aptitudes y actitudes defensivas. Por eso se exige concentración e intensidad atrás, que ni por asomo la hubo. Sólo en circunstancias concretas, con quintetos muy específicos y con una intensidad muy alta, se puede alcanzar una consistencia defensiva. No es el caso de este Unicaja, que ha mejorado algo con Katsikaris al mando pero que aún no la tiene. Y, ya con abril a la vista, cuesta pensar que la vaya a alcanzar esta temporada. Tanto McFadden como Rivero, más tarde Sakho, hicieron sendos butrones en el aro malagueño, con Renfroe de maestro de operaciones. El bloqueo y continuación con el base americano fue un tormento. Es lo que tiene depender del ataque. Mientras se metió con un acierto insostenible se gobernó el partido. Una vez se vaciló a la hora de encontrar al aro, adiós. Katsikaris probó distintas soluciones, dio más tiempo Rubén Guerrero que a Thomas y Thompson a lo largo del partido porque le pareció que el marbellí era el jugador más solvente ahí.

Dominaba por seis puntos aún el Unicaja al final del tercer cuarto (76-70), pero la descarga final del Burgos fue terrible. Cuando no era el básico bloqueo y continuación, con canastas muy sencillas acabadas en bandeja o mate, eran los triples de McFadden, iluminado a lo largo del partido. El ataque iba ya a impulsos de Jaime y Brizuela. Mekel había estado bien en la primera rotación en el primer tiempo, pero su rotación en el segundo no fue nada buena. No había esa buena circulación que se había exhibido en el primer tiempo y que había permitido seleccionar buenos tiros y tener acierto. Nada quedaba ahora de aquello. Era el Burgos quien producía con un 70% en tiros de dos y bordeando el 50% en triples.

McFadden y Rivero (52 puntos entre los dos) aniquilaron a un Unicaja que ahora afronta un par de semanas de parón con esta desazón por este ejercicio de impotencia ante el Burgos. Que esta temporada, también en la anterior, es otra Liga. Es la realidad de un Unicaja que no ha optimizado sus aún potentes recursos. Toca penar otra vez hasta el verano.

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