Naturaleza

Anfibios de Málaga: patrimonio natural entre el agua y la tierra

  • Este grupo faunístico son los vertebrados más amenazados del planeta

  • En nuestra provincia encontramos once especies y la gran mayoría son endémicas

Los colores de la salamandra son un claro aviso de su toxicidad. Los colores de la salamandra son un claro aviso de su toxicidad.

Los colores de la salamandra son un claro aviso de su toxicidad. / Juan José Jiménez

La comunidad de anfibios de la provincia de Málaga presenta un gran interés ambiental, ya que pese no ser muy numerosa en especies, una gran proporción de ellas son endémicas, es decir, que tienen una distribución geográfica muy reducida. En nuestra provincia encontramos once especies de anfibios, tres de ellas pertenecientes al grupo de anfibios con cola o urodelos, mientras que las ocho restantes son anuros, es decir, anfibios sin cola.

Pero ¿qué son los anfibios? Los anfibios son un grupo de vertebrados terrestres con una fascinante biología, caracterizada por la alternancia de dos fases bien diferenciadas en su ciclo vital: una primera acuática durante su etapa larvaria y otra terrestre durante su vida adulta.

Entre ambas fases experimentan profundos cambios fisiológicos y morfológicos en un proceso denominado metamorfosis. De todos modos, la independencia del agua nunca llega a ser total, pues los adultos vuelven al medio acuático para su reproducción, debido a que sus huevos carecen de una membrana que los proteja de la desecación.

Otra singularidad de este grupo faunístico es el disponer de una piel muy permeable que les permite el intercambio gaseoso, funcionando como un segundo órgano respiratorio. Para su correcto desempeño la piel de los anfibios debe mantenerse húmeda, por lo que en condiciones ambientales muy secas estos vertebrados se esconden en sus refugios, volviendo a aparecer cuando llueve. A su vez esta piel tan delicada los hace especialmente vulnerables a distintos factores ambientales, como las radiaciones ultravioleta, la contaminación o los agentes patógenos.

De hecho, son el grupo de vertebrados más amenazado del planeta y entre los factores que originan su preocupante situación se incluyen la destrucción y fragmentación de hábitats, la contaminación de las aguas, el cambio climático y los organismos patógenos. Entre los patógenos destacan por su virulencia una familia de hongos, los quitridios, que han afectado con gran intensidad a las poblaciones malagueñas del sapo partero bético (Alytes dickhilleni) y han llegado a extinguir anfibios en otras partes del mundo.

De las tres especies de anuros malagueños, el gallipato es la de mayor tamaño. De las tres especies de anuros malagueños, el gallipato es la de mayor tamaño.

De las tres especies de anuros malagueños, el gallipato es la de mayor tamaño. / Ricardo Pastor

Los anfibios presentan una movilidad muy reducida por lo que para protegerse de sus depredadores segregan en la piel diferentes sustancias tóxicas que le han acarreado muy mala fama, incluso persiste una creencia popular de que si te escupe un sapo pierdes el pelo. Nada más lejos de la realidad, estas sustancias que recubren la piel de los anfibios son inocuas para nuestra salud, más allá de una pequeña irritación de las mucosas si nos llevamos las manos a los ojos justo después de tocar un anfibio. Otro mecanismo defensivo que emplean, especialmente los sapos, es hincharse para parecer más grandes e intimidar a sus posibles predadores.

Los anfibios desempeñan un papel esencial en el correcto funcionamiento de nuestros ecosistemas, ingiriendo gran cantidad de insectos y controlando así sus poblaciones. A la vez, ellos mismos constituyen la base alimenticia de otros vertebrados, como mamíferos, aves o reptiles, e incluso son consumidos por larvas de libélulas durante su fase acuática.

Anfibios de Málaga

Como decimos, los anfibios malagueños presenta un gran interés. A continuación se realiza una breve presentación de las distintas especies de anfibios malagueños.

De las tres especies de anuros, el gallipato (Pleurodeleswatl) es la más grande, alcanzando un tamaño de 30 centímetros y en su aspecto destaca la cola larga y musculosa, la cabeza aplastada y los ojos saltones. Esta especie ha desarrollado un peculiar mecanismo defensivo, consistente en proyectar sus costillas punzantes a través de la piel cuando va a ser depredado. El gallipato no es muy exigente en cuanto a la calidad del agua, por lo que se reproduce en gran variedad de medios acuáticos, tanto naturales como artificiales. Es de los pocos anfibios que tolera cierta salinidad y podemos encontrarlo por ejemplo en las Lagunas de Campillos.

El tritón pigmeo (Triturus pygmeus), como su nombre apunta presenta un tamaño menor (14 cm) y en su aspecto destaca una coloración verde salpicada de manchas negras. Es más exigente respecto a su hábitat, seleccionado aguas relativamente limpias con vegetación acuática. Este tritón es un endemismo del sur peninsular y en nuestra provincia presenta una presencia muy fragmentada, especialmente en su límite oriental de distribución en las Sierras del Arco Calizo Central.

Nuestro tercer urodelo, la salamandra (Salamandra salamandra) resulta inconfundible debido a su piel lisa de color amarillo con manchas negras. Esta coloración tan llamativa es un claro mensaje a sus predadores alertando de la toxicidad de su piel. La subespecie de salamandra presente en la provincia denominada longirostris por su hocico alargado, tienen distribución muy restringida que se limita a las sierras gaditanas y malagueñas. Aparece en zonas de montaña con cierta humedad y podemos verla en toda la serranía de Ronda, la Sierra de Mijas o la Sierra de Camarolos, por citar algunos enclaves serranos.

El sapo partero lleva a otro nivel la conciliación familiar y el reparto de tareas. El sapo partero lleva a otro nivel la conciliación familiar y el reparto de tareas.

El sapo partero lleva a otro nivel la conciliación familiar y el reparto de tareas. / Luis García

Entre los anfibios sin cola, sin duda la especie más señera de nuestra provincia, es el sapo partero bético. Como su nombre indica es un endemismo que sólo encontramos en las sierras béticas del sur de España y Málaga sólo se localiza en las Sierras de Tejeda y Almijara. Este pequeño sapo debe su apelativo de partero a que el macho transporta entre sus extremidades posteriores los huevos de las hembras hasta que llega el momento adecuado para eclosionar en los puntos de agua.

El sapillo moteado (Pelodytes ibericus) es otro diminuto sapo, cuyo rasgo más distintivos es la presencia pequeñas verrugas verdes por toda la piel. Esta especie se reproduce en charcas temporales de áreas abiertas, presenta una distribución desigual en nuestro territorio, estando bien representado por el norte y oeste provincial.

El sapillo pintojo ibérico (Discoglossusgalganoi) puede recordar a primera vista a una rana, pero su hocico largo, su pupila acorazonada y el tímpano apenas visible permiten distinguirlo de ésta. Sus hábitats más característicos son los pastizales húmedos próximos a puntos de agua y su presencia es relativamente frecuente en la parte occidental de la provincia.

El sapo común (Bufo spinosus) y el sapo corredor (Epidalea calamita) resultan muy parecidos, aunque se diferencia por diversos aspectos anatómicos además de los hábitats donde aparecen. El sapo común es más grande y robusto, tiene el iris color cobrizo y tras los ojos presenta unas glándulas muy visibles en disposición oblicua. Este sapo se reproduce en gran variedad de medios acuáticos, aprovechando infraestructuras humanas como balsas ganaderas o pilones de cierta entidad.

El sapo corredor se desplaza dando pequeñas carreras. El sapo corredor se desplaza dando pequeñas carreras.

El sapo corredor se desplaza dando pequeñas carreras. / Luis García

El sapo corredor es más pequeño se desplaza dando carreras de pocos pasos, tiene el iris amarillento y las glándulas tras los ojos se dispone de forma paralela. Esta especie presenta un desarrollo larvario muy rápido que le permite utilizar las charcas temporales de corta duración que son demasiado efímeras para otras especies.

Estos dos sapos son frecuentes en casi todo el territorio malagueño, y si salimos por la noche un día lluvioso de primavera, lo podemos encontrar en cunetas, campos o caminos y carreteras.

El tercer sapo que encontramos en nuestra provincia es el sapo de espuelas (Pelobates cultripes). De gran tamaño y ojos saltones es una especie propia de terrenos arenosos en los que excava mediante unas excrecencias dérmicas en las patas traseras que han motivado su nombre común. Esta especie ha visto reducida drásticamente sus poblaciones en la provincia por la pérdida de hábitats de medios arenosos, debido a la urbanización de la franja costera y presenta en la actualidad contadas poblaciones muy aisladas por lo que se sitúa al borde la desaparición local.

La ranita meridional (Hyla meridionalis), de pequeño tamaño y piel lisa brillante, es nuestro único anfibio con habilidades trepadoras gracias a unos discos adhesivos en los dedos y podemos verla encaramada en la vegetación arbustiva que rodea a las charcas y puntos de agua. Presente una distribución desigual, evitando las zonas más frías, y estando presenta en la costa occidental, y los principales valles fluviales malagueños.

Y hemos dejado para el final al anfibio más abundante y a su vez más conocido, la rana común (Pelophilax perezi). De carácter diurno y estrechamente ligado al medio acuático en su fase adulta podemos encontrarla prácticamente en cualquier punto de agua de cierta entidad.

Zonas de observación

Si queremos observar anfibios en la provincia, los lugares más propicios se concentran en su sector occidental, fundamentalmente en la Serranía de Ronda en sentido amplio y en el Valle del Genal. Esto es debido a que la parte occidental malagueña además de albergar ecosistemas forestales bien conservados y explotaciones agro-ganaderas extensivas presenta los niveles de precipitaciones más elevados, lo que a su propicia una mayor densidad de puntos de agua.

Un par de ejemplares de ranita meridional pillados in fraganti. Un par de ejemplares de ranita meridional pillados in fraganti.

Un par de ejemplares de ranita meridional pillados in fraganti. / Luis García

La zona limítrofe con la provincia de Cádiz (Cortes de la Frontera, Montejaque, Jimera de Libar o Gaucín), resulta especialmente interesante, ya que en ella abundan los suelos arcillosos que favorecen la formación de charcas estacionales.

Otros enclaves propicios para observar anfibios son los puntos de agua de Sierra Blanca de Marbella, la Sierra de Mijas o las Sierras del Arco Calizo Central. Lógicamente si queremos encontrar una determinada especie, tendremos que considerar sus requerimientos ecológicos y su distribución provincial, como ocurre por ejemplo con el sapo partero bético, que únicamente se localiza en las Sierras de Tejeda y Almijara.

La Gran Senda de Málaga, en sus múltiples recorridos, pasa por muchos de los enclaves antes mencionados para la observación de anfibios. De hecho, la Diputación de Málaga ha editado una guía de anfibios y reptiles de la provincia (y desarrollada por los expertos Jacinto Segura Moreno, Juan José Jiménez Rodríguez y Luis García-Cardenete) donde se puede ampliar información sobre la biología de estas especies, curiosidades y dónde encontrarlos. Puede ser una buena forma de comenzar a aprender e interesarse por estos vitales seres que pueblan nuestros campos y zonas húmedas.

Dos factores fundamentales a considerar para observar anfibios son la época del año y la meteorología. La época más apropiada en la provincia de Málaga es a finales del invierno y principio de la primavera, ya que es cuando comienza la reproducción de la mayoría de las especies y los adultos se concentran en los medios acuáticos, mostrándose más visibles y activos. En el caso de los anuros, los cantos de los machos nos pueden también ayudar a localizarlos.

Un sapo común de los de toda la vida. Un sapo común de los de toda la vida.

Un sapo común de los de toda la vida. / Ricardo Pastor

En relación a la meteorología, las noches lluviosas no muy frías de principios de primavera son las fechas más propicias, ya que combinan temperaturas suaves y elevada humedad.

Especial protección

Como ya hemos comentando, los anfibios son un grupo muy sensible y sometido a graves amenazas, entre las que preocupa especialmente unos hongos patógenos que están diezmando sus poblaciones e incluso extinguiendo especies. Estos hongos patógenos se dispersan fácilmente en el medio natural, y de forma involuntaria podemos transportarlos entre distintos puntos de agua, con conductas tan aparentemente inofensivas como coger con nuestras manos ejemplares de anfibios, vaciar el agua de nuestra cantimplora en una fuente distinta de la que la hemos cogidos o pisar con nuestras botas de agua distintas lagunas en un mismo día.

Otro ejemplar de sapo corredor a verlas venir. Otro ejemplar de sapo corredor a verlas venir.

Otro ejemplar de sapo corredor a verlas venir. / Ricardo Pastor

Por esta razón debemos ser especialmente cuidadosos en nuestras salidas al campo para no favorecer la llegada de estos hongos a poblaciones sanas de anfibios. Cabe recordar a legislación ambiental prohíbe inquietar, molestar o dañar a la fauna silvestre y estas conductas son sancionables. Además, no es necesario entrar en las charcas y humedales, dada la gran variedad de prismáticos o cámaras digitales que a precios cada vez más asequibles nos permiten disfrutar de la belleza de estos seres sin tener que acercarnos mucho a ellos.

Es una práctica muy recomendable si vamos a visitar diferentes humedales para ver anfibios en una jornada de campo, desinfectar el calzado entre charca y charca, y al finalizar la jornada, minimizando así el riesgo de dispersión de enfermedades patógenas.

Esperamos que este artículo despierte el interés hacia la interesante comunidad de anfibios que alberga la provincia de Málaga y su fascinante biología y que esta curiosidad se traduzca a su vez en una actitud proactiva de respecto e implicación en su conservación.

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