Obituario

Eternamente Diego

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Diego Carrasco celebra la clasificación para la Copa de la Reina en Carranque. Diego Carrasco celebra la clasificación para la Copa de la Reina en Carranque.

Diego Carrasco celebra la clasificación para la Copa de la Reina en Carranque. / marilú báez

Hemos convertido la vida en una competición. Una competición sin descanso. Sin un rato de sosiego. Y hemos transformado nuestra pasión, el balonmano, en una carrera sin medida, sin freno. Exenta de análisis, cargada de fervor. Diego Carrasco era así, un competidor incansable, insaciable. Capaz de tirar de su empresa, de un equipo en la élite, de un club, de una selección nacional. Increíble si no llegas a vivirlo, a verlo.

La vida, esa que hoy dejas, no se ha portado bien contigo. Estoy enfadado, enrabietado, dolorido, apenado. Dejas huérfano a una gran parte del balonmano malagueño. Al club de tus amores. A tus presidentas, Carmen y Pepa, a un puñado de amigos, de familiares, de conocidos. Te vas sin avisar, con la humildad y sencillez que te caracterizaba.

Hoy, lamentablemente, he descubierto lo mucho que te aprecio. Es triste, pero es así. Quizá nunca profundizamos en una conversación, pero tus gestos, tu generosidad, tu forma de ser, ya me habían atrapado. Lo tuyo era pasión, entrega y una lucha diaria dulcificada con una extraordinaria dosis de templanza. Seguir tu ritmo era una verdadera quimera. Cuantas veces nos preguntamos si todo esto merecía la pena, si todo este esfuerzo tendría algún día su recompensa. Nos dejas rotos, sin palabras, sin capacidad de reacción. Has fulminado de un plumazo la ilusión por organizar la Copa de la Reina, por seguir creciendo, por traer un título a la ciudad que tanto amabas y por la que tanto has peleado.

Ya no te podré llevar a Roma en noviembre como estábamos planeando. Te dije la pasada semana que lo dejaras, que buscaras otro regalo para el cumpleaños de Pepa, que ese viaje lo hacíamos juntos aprovechando el parón competitivo. Y no sabes la de veces que me he arrepentido… Diego disfrutaba con los éxitos de los demás. Los compartía, los hacía suyos. Ya no me podrás repetir aquello de ¡A ti cuando te van a dar algo! Porque Diego también entendía que la gente del balonmano merecía tener sus oportunidades, sus recompensas y que en gestión ya habíamos demostrado que capacidad y talento también hay en este humilde deporte.

He derramado muchas lágrimas, pero no te lo voy a tener en cuenta. Ahora toca pelear para que tu legado permanezca eternamente y que tus sueños se cumplan para disfrutes desde el cielo.

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