Málaga

El desfile más singular

Aspiraba a que la de ayer representara un nuevo concepto de Cabalgata, que distara de la de años anteriores, que rompiera moldes. Y lo consiguió. La concejala de Fiestas, Teresa Porras, que en esta edición ha debutado en la organización, hizo del tradicional desfile del 5 de enero un espectáculo sin precedentes que supuso un paréntesis a la crisis, algo que, eso sí, precisó de un incremento del 30% del gasto. El Ayuntamiento preparó un singular desfile que arrancó con una legión de moteros. Niños, padres y abuelos disfrutaron de la vistosidad y el rugir de una treintena de Harley Davidson que custodiaban la primera carroza de la comitiva, con Super Mario Bross a bordo. Fue el preludio de una noche cargada de magia que a muchos devolvió la ilusión perdida de la inocencia. "Nosotros también vivimos esta noche, aunque de forma distinta", aseguraba una madre en las inmediaciones de la Alcazaba poco antes del inicio de la Cabalgata.

Desde bien temprano, las familias planificaban la tarde de Reyes. Algo de merienda para animar la espera, pañales para los más pequeños y una parada en un restaurante de comida rápida a fin de poder engañar al estómago. "Llevamos cogiendo sitio desde las 15:30. Voy a quedarme toda la noche despierto para ver a los Reyes", advertía Bruno. Y como la noche es fría y la paciencia no es virtud habitual entre los infantes, a las 16:30 se comenzaba a calentar motores con una exhibición de caballos especialistas en desfiles. "¡Qué chulada! Parecen entrenados", gritaba un niño. Media hora después, se sumaban los primeros caballeros que guiaban a la estrella de Belén.

Los Reyes Magos salían algo más tarde de la Alcazaba con sus pajes para dirigirse a pie hacia el Ayuntamiento. La expectación, que ya era máxima, se acentuaba al sonar las primeras notas musicales y la voz angelical de Javier Chacón, de 9 años, que iniciaba la tradicional lectura de la carta. En ella subrayó la necesidad de que nunca falten, además de juguetes, "salud, trabajo y un mensaje de esperanza para los que pasan mal", ingredientes que, a su juicio, aportarán "luz y alegría". Tras finalizar el discurso, a Gaspar se le escapó, intencionadamente, una moneda de chocolate que caía desde el balcón del Consistorio. Melchor siguió el ejemplo.

Hacia las 17:45, llegaba uno de los momentos más esperados de la tarde. Por primera vez, sus Majestades iniciaban andando un paseo hasta el Paseo de Reding para tomar asiento en sus respectivas carrozas. La cercanía que este año la responsable del cortejo se había propuesto ofrecer fue, precisamente, uno de los elementos más destacados por los asistentes. Durante el recorrido, todo valía para conseguir un selfie con los magos de Oriente, que también recibieron in extremis varias cartas de algún rezagado.

Ya en sus tronos, los tres soberanos provocaron el delirio entre los niños que se apiñaban al otro lado de la acera. Cada uno tenía su favorito, aunque Melchor y Baltasar, que en esta ocasión guardaba un extraordinario parecido con el portavoz del equipo de Gobierno del PP en el Ayuntamiento, Mario Cortés, causaron sensaciones.

La fantasía volvió a colocarse en el epicentro de la Cabalgata, tanto como la música, leit motiv del desfile de 2015, que regaló interpretaciones navideñas en directo y también charangas para recordar clásicos estribillos como el de Celia Cruz con su La vida es un carnaval. No faltaron los espectáculos visuales, desde lujosos caballos blancos ataviados con luces blancas y un enrome elefante articulado con tonos dorados y cargado de regalos, hasta un show ofrecido por unas 30 bailarinas, robots de casi cinco metros de altura o un pasacalles de Ratatoille.

También generó numerosos aplausos el pasacalles Ángeles de Luz, que representaba el Ángel Anunciador y que recorrió por primera vez las calles de la ciudad a través de una estructura de cuatro metros. La Cabalgata incluyó además otro ballet que celebraba el nacimiento del Niño Jesús.

Los Reyes Magos descargaron sobre los asistentes más de 11.000 kilos de caramelos y una tormenta de ilusión, pero la queja, una vez más, fue prácticamente unánime entre los espectadores. "Las bolsas en Málaga no se llenan; con los bolsillos es suficiente", criticaba un padre.

La jornada de ayer, en la que no existía riesgo de precipitaciones y en la que tampoco estaba previsto que arreciara el frío más que otras noches, volvió a dejar imágenes clásicas como la de los progenitres con los críos subidos a los hombros para intentar ver a sus majestades de Oriente, que este año decidieron suprimir riesgos reforzando aún más su dispositivo de seguridad para evitar accidentes como el que acabó con la vida de un niño de 6 años en la Cabalgata de 2013.

No sólo las carrozas volvieron a llevar las protecciones a lo largo de su perímetro para evitar que los menores pudieran colarse debajo, sino que también se protegió la zona de la denominada punta de lanza, la parte que queda entre el remolque y el vehículo tractor, con una estructura rígida hasta el suelo. Varios voluntarios vigilaban a ambos lados de los vehículos.

Pero eso sí, aunque no hubo accidentes que lamentar, la Cabalgata de ayer registró una anécdota para el recuerdo. Cuando la comitiva se disponía a entrar en la plaza de la Merced, donde acabaría su recorrido, un cableado dificultó la entrada de las carrozas, lo que obligó a que los pajes tuvieran que agacharse y a hacer uso de un palo para alzar el cable y que los tronos pudieran acceder. Tras conseguirlo, los Reyes bajaron de nuevo para iniciar otro recorrido a pie, esta vez hasta la Plaza del Obispo.

El final del desfile, que muchos definieron como el más destacado, daba paso a una noche cargada de sueños. "Ha sido espectácular. No ha defraudado", opinaba una mujer al cierre.

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